vie 4a. Ordinario año impar (Id=123)
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Tengo los ojos puestos en el Señor, porque él me libra de
todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
Oremos:
Nos acogemos, Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda
contribuir a nuestro bien.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
Lectura de la carta a los hebreos
13, 1-8
Hermanos: Conserven entre ustedes el amor fraterno y no se
olviden de practicar la hospitalidad, ya que por ella, algunos han hospedado
ángeles sin saberlo. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes mismos
estuvieran también con ellos en la cárcel. Piensen en los que son maltratados,
pues también ustedes tienen un cuerpo que puede sufrir.
Que todos tengan gran respeto al matrimonio y lleven una vida conyugal
irreprochable, porque a los que cometen fornicación y adulterio, Dios los habrá
de juzgar.
Que no haya entre ustedes avidez de riquezas, sino que cada quien se contente
con lo que tiene. Dios ha dicho: Nunca te dejaré ni te abandonaré; por lo
tanto, nosotros podemos decir con plena confianza: El Señor cuida de mí, ¿por
qué les he de tener miedo a los hombres?
Acuérdense de sus pastores, que les predicaron la palabra de Dios. Consideren
cómo terminaron su vida e imiten su fe. Jesucristo es e
mismo ayer, hoy y siempre. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Del salmo 26
El Señor es mi luz y mi salvación.
Dóminus illuminatio mea et salus mea.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy a tenerle
miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién podrá hacerme temblar?
El Señor es mi luz y mi salvación.
Dóminus illuminatio mea et salus mea.
Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena confianza en el Señor.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Dóminus illuminatio mea et salus mea.
Porque el Señor me procuró un refugio en Los tiempos
aciagos; me esconderá en lo oculto de su tienda y él me pondrá a salvo.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Dóminus illuminatio mea et salus mea.
El corazón me dice que te busque y buscándote estoy. No me
abandones ni me dejes solo, mi Dios y salvador.
El Señor es mi luz y mi salvación.
Dóminus illuminatio mea et salus mea.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor con un corazón bueno y sincero y
perseveran hasta dar fruto.
Beáti qui in corde
bono et óptimo verbum Dei rétinent,
et fructum áfferunt in patiéntia.
Aleluya.
Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha resucitado
† Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6, 14-29
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, como la fama de Jesús se había extendido tanto,
llegó a oídos del rey Herodes el rumor de que Juan el Bautista era Elías; y
otros, que era un profeta comparable a los antiguos.
Pero Herodes insistía: "Es Juan, a quien yo le corté la cabeza, y que ha
resucitado".
Herodes había mandado apresar a Juan y lo había metido y encadenado en la
cárcel.
Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le
decía:
"No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano".
Por eso Herodes lo mandó encarcelar. Herodías sentía por ello gran rencor
contra Juan y quería quitarle la vida; pero no sabía cómo, porque Herodes
miraba con respeto a Juan pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo
tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba
escucharlo.
La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a
la gente principal de Galilea con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías
bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados.
El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo
daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea
la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?"
Su madre le contestó:
"La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente
junto al rey y le dijo:
"Quiero que me des ahora mismo en una bandeja
la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados no
quiso desairar a la joven.
Y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue,
lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja, se la entregó a la
joven y ella se la entregó a su madre. Al enterarse de esto,
los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.
Palabra del Señor.
Te alabamos, Señor.
Confiados
en tu misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que
te dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Restauración universal en Cristo
En
verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre
y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo
nuestro Señor.
A quien hiciste fundamento de todo y de cuya plenitud quisiste que
participáramos todos. El cual, siendo Dios, se anonadó a sí mismo, y por su
sangre derramada en la cruz, puso en paz todas las cosas. Y así, constituido
Señor del universo, es fuente de salvación eterna para cuantos creen en Él.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos
sin cesar el himno de tu gloria:
[Misa]
Yo te invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el
oído y escucha mis palabras.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre Santo, tú que nos has alimentado con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu a fin de que, no sólo con palabras, sino con
toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor
y así merezcamos entrar al Reino de los cielos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
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